Delirious New York

                  

“Delirious New York” es la primera publicación de Rem Koolhaas, un arquitecto holandés de influencia internacional tanto por sus obras construidas como por su intensa producción teórica. Su trabajo abandona el compromiso prescriptivo del movimiento moderno practicando una arquitectura que cristaliza críticamente la realidad socio-política del momento. En sus obras y escritos parte de la tradición tracionalista moderna, en especial de Le Corbusier, cuyas ideas y proyectos revisa continuamente y pervierte de manera hedonista.

En 1972, Koolhaas obtuvo una beca que le permitió viajar a los Estados Unidos donde, fascinado por la ciudad de Nueva York, comenzó a analizar el impacto de la cultura metropolitana sobre la arquitectura. Los conceptos y teorías que surgen de este primer encuentro entre el holandés y la ciudad de Nueva York le seguirán a lo largo de toda su trayectoria arquitectónica futura. Estas ideas quedan plasmadas en “Delirious New york”, libro que escribe al inicio de su carrera y que se conforma como el preludio de sus posteriores actuaciones. Es un manifiesto retroactivo, la interpretación de una teoría no formulada que subyace en el desarrollo de Manhattan.

“Delirio de Nueva York” es el fundador del “Manhattanismo”, un auténtico homenaje a los rascacielos neoyorkinos y a sus profetas, los inventores de fantasías arquitectónicas como Hugh Ferris y Raymond Hood. El texto se estructura estratégicamente en diversas partes muy fragmentarias que recogen la memoria más compleja y espectacular de Nueva York: el parque de atracciones de Coney Island, rascacielos como el Rockefeller Center, centros de entretenimiento como el Radio City Music Hall, incluidos también los delirios neoyorkinos de Antoni Gaudí y Salvador Dalí.

El controvertido arquitecto holandés explica en el texto la lógica del rascacielos y defiende de forma férrea la verticalidad. Una arquitectura estructurada en bandejas, totalmente independientes entre sí, tanto en cuestión de usos como de continuidades, ya que la aparición del ascensor permite prescindir  de cualquier tipo de conexión formalista.

Esta discontinuidad se encuentra íntimamente relacionada con un elogio constante hacia la cultura de la congestión que realiza el autor y que justifica como la principal característica de la nueva cultura metropolitana. La posibilidad de superponer diferentes usos y actividades en una misma parcela gracias a la geometría del rascacielos y la colocación de piezas singulares en un collage de fragmentos que coexisten sin necesidad de relacionarse.

Todos estos conceptos desarrollados hábilmente a través de un agradable recorrido por los rascacielos más paradigmáticos de la ciudad que nunca duerme dirigen al lector a los años 30, época en la que dos controvertidos personajes, Dalí y Le Corbusier, conquistan la gran manzana. El primero,de un modo conceptual y el segundo, proponiendo literalmente destruirla.

Tanto Dalí como Le Corbusier suponen una gran influencia para la evolución de las teorías de Rem Koolhaas. Dalí, a través de la inyección en la corriente surrealista del método paranóico-crítico (MPC) que reclama la conquista de lo irracional, proporciona al arquitecto una forma de sistematizar su manera de cuestionar todo lo producido por la arquitectura racionalista de la posguerra , cuyo máximo exponente es ni más ni menos que la otra cara de la moneda.

Sin embargo la mención a Le Corbusier va siempre acompañada de una crítica constante que roza casi la obsesión. Koolhaas rechaza el lenguaje del arquitecto del movimiento moderno jugando y modificándolo a su antojo, ridiculizándolo y mofándose de él.

                           

Éstas son algunas frases recopiladas del libro en las que Koolhaas critica,  siempre en clave de ironía, a Le Corbusier:

-(…) que esta ceremonia es el equivalente en Manhattan del CIAM que se celebra al otro lado del Atlántico: un delirante tanteo en busca del “espíritu de la época” y de sus implicaciones para una profesión cada vez más megalómana.

-El  compromiso de Raymond Hood con el rascacielos se acrecienta . Compra el primer libro de Le Corbusier, ‘Hacia una arquitectura’; los siguientes sólo los pide prestados.

 -Cuando finalmente “ presenta” su anti-rascacielos, Le Corbusier es como un prestidigitador que accidentalmente desvela su truco: hace desaparecer el rascacielos norteamericano en la bolsa de terciopelo negro de su universo especulativo, añade la jungla(…) luego agita estos elementos incompatibles en su chistera  paranoico-crítica y…¡sorpresa!… saca el “rascacielos horizontal”, el conejo cartesiano de Le Corbusier.

 -Primero desnuda los rascacielos, luego los aísla y finalmente los conecta con una red de autopistas elevadas de modo que los automóviles en vez de los peatones  pueden circular libremente de una torre a otra por encima de una alfombra de agentes productores de clorofila. Le Corbusier acaba con la “cultura de la congestión”. Crea un NO acontecimiento urbano: la “congestión descongestionada”.

Rem Koolhaas demuestra que todo puede resolverse desde un desinhibido e irónico juego  sobre el lenguaje, las formas y la tecnología moderna, manipulando los patrones iniciales de la sintaxis del movimiento moderno.

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