La Plaza del Castillo

Ubicado en el centro neurálgico de Pamplona, ha sido y sigue siendo uno de los escenarios principales de la ciudad. Es un típico lugar de reunión para los pamploneses: para ir de compras, de copas, para sentarse a leer a partir de esos días que el sol empieza a calentar; terrazas que se convierten en verdaderos observatorios de la vida de Pamplona.

Numerosos cambios ha sufrido desde que se empezó a constituir a lo largo de la historia, para modelarla y organizarla hasta su configuración actual. A muchos nos cuesta ya recordar esa plaza llena de plataneros dando sombra a esos dibujos que realizaba la cerámica. Ya  sólo es un recuerdo lejano.  Pero realmente, ¿qué sabemos de la Plaza del Castillo? No es de extrañar cuando vienen visitas que te pregunten ¿y el castillo? Y señalas con una sonrisa burlesca al quiosco.

Su historia se remonta a la Edad Media, esa tierra de nadie en momentos de lucha entre los burgos. Al frente del reino Luis el Hutín, llamado Luis el Obstinado, en un ámbito político de lo más revuelto. Tras la destrucción de Navarrería el monarca ordenó al cabildo de la Catedral que construyera en su defensa un castillo, que debía estar terminado en dos años. Para su construcción se aprovecharon numerosas piedras procedentes de las ruinas de la Navarrería, aunque la mayor parte del material se trajo de las canteras de Ezkaba. Contaba con tres puertas, una daba hacia el convento de los Predicadores, otra frente a la iglesia de San Tirso, situada en la actual calle Estafeta, y la puerta principal que posiblemente daba al Chapitel, sirviendo la Plaza del Castillo como plaza de armas y donde se ubicaba el mercado.

    

Al reconstruirse la Navarrería el castillo pierde su valor estratégico, alejado de la línea exterior de murallas y con poca utilidad militar. A raíz de la conquista de Pamplona por el Duque de Alba en 1512, comenzaron la construcción de un nuevo castillo. Una parte de la vieja fortaleza se habilita como cárcel, y el resto comenzó a ser demolido aprovechando su piedra en la nueva construcción.

  

Fue un descampado hasta el siglo XVII, marcada por la fundación del convento de las carmelitas a partir del cual, comenzó a incorporarse lentamente a la vida urbana de la ciudad.

“A todos sus vecinos y moradores y demás personas que quieran comparar alguno de los diez sitios de la plaza del Castillo para fábrica de casas, acuda a la casa de su Ayuntamiento, que se dará y venderá cada sitio a 300 ducados”. Así se anunciaba los solares promocionados por el Regimiento de la ciudad quien oficialmente anunció en 1651. Mucho distan ahora esos 300 ducados…..

Desde su inicio asumió su papel de espacio de ocio y espectáculos. En 1405 observaba las justas y torneos que el rey Carlos III organizó para celebrar la boda de su hija. A partir de entonces y hasta el siglo XVIII, actuando como una plaza Mayor de cualquier lugar de España, los torneos y demás juegos que se organizaban bien para festejar a los santos patronos de la ciudad, bien para celebrar las efemérides de la monarquía, la plaza se engalanaba para la diversión. Un papel clave que encarnó fue coso taurino, desde la primera documentada en 1385 hasta que en 1844 se construyó la plaza estable. Hecho que influyó en la arquitectura de la misma, incorporando en las viviendas el balcón cómo un elemento fundamental para las fachadas con vista a poder satisfacer la demanda de los espectadores durante los festejos.

                          

El hecho de que la plaza del Castillo no obedezca a un proyecto urbanístico concreto, sino que haya sido trazada con el tiempo y los distintos impulsos constructivos de la sociedad de la época la hayan ido configurando; hace que su planta no sea regular y que los cuatro lados sean desiguales. Conscientes de ello, la autoridad municipal de la época pensando que la plaza para su mejora necesitaba cierta regularidad encargó un proyecto en 1780 que preveía levantar delante del convento de las carmelitas un lienzo de viviendas “para por ese medio dejar la plaza en cuadro y hermosearla con perfecta simetría”, proyecto que no se materializó; hasta mediados del siglo XIX no comenzó a regularizarse la alineación de las viviendas y a construir algunos soportales que no existían.

A finales del XVIII, la plaza, fue decorada con una hermosa fuente de Luis Paret a la Abundancia, popularmente llamada la MariBlanca, que fue derribada en 1910, conservándose solo la estatua. En 1836, las Carmelitas Descalzas, se vieron obligadas, a abandonar el convento, con la Desamortización de Mendizábal. Aquí se construirían el Palacio de la Diputación, el antiguo Crédito Navarro, y el Teatro Principal, todos de estilo neoclásico. En 1859, se instauró el Hotel La Perla, todavía presente en un rincón de la plaza, y el más antiguo de Navarra.

         

Entre 1880 y 1895, se instauraron el Casino Principal, y Café Iruña, con un aire romántico de fin de siglo, que aún conservan. Otros muchos cafés proliferaron en esta época. Por esta plaza pasaba el Irati en 1911. Con la construcción del Segundo Ensanche, el Teatro Principal, tuvo que retroceder hasta su ubicación actual, para abrir paso a la gran apertura de la ciudad, en 1931.Siete años después, en 1943, se colocó el famoso y querido quiosco de música, sustituyendo a otro fabricado en madera que se había levantado en 1910.

         

Sin embargo la transformación más notable que ha sufrido en los últimos años, fue  privarle el ser ese espacio cerrado propio de una plaza mayor quitando de su lado sur el Teatro Principal en 1931. Consiguiendo su incorporación al Segundo Ensanche de la ciudad como un espacio referencial importante y constituirse en enlace natural entre la zona histórica de la ciudad y la nueva.

         

       

       

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Acerca de Ana Jordán

Arquitecta Técnica _ Ingeniera de edificación _ Jefa de Obra
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4 respuestas a La Plaza del Castillo

  1. Una ciudad que tuve la suerte de visitar este verano y que me gustó muchísimo, creo que es una ciudad pensada para el hombre no para los vehículos, todo lo contrario a mi ciudad. Enhorabuena por vuestro blog! Muy interesante!

  2. María Tapia dijo:

    Es bonito saber su historia, sobre todo cuando se ha vivido algún cambio como el de convertirla en plaza exclusivamente peatonal. Y con el café Iruña y el hotel La Perla me he acordado de Hemingway, quién dio a conocer al mundo entero una fiesta en un principio muy doméstica llamada San Fermín

  3. Anónimo dijo:

    Es interesante saber la historia de los sitios por los que tantas veces pasamos deprisa, sin fijarnos en los detalles ni saber el por que ha llegado a ser lo que es ahora. Compartimos espacio con un lugar donde entre cafés se hablaba de conspiraciones, grandes triunfadores tardes de toros, misas en pleno exaltación del carlismo….. Una observadora pasiva de la historia a lo largo del tiempo. El porqué su uso puede propiciar una tipología de fachadas, los cambios hacia una nueva ciudad debido a su modificación.
    Me ha encantado el poder mirar hacia atrás, e imaginar. Imaginar cómo fue esa Pamplona y cómo es ahora. ¡Cómo hemos cambiado! Y como llegaremos a cambiar. Pero ella seguirá ahí, observando.

  4. Pingback: Rodín en el Castillo | contARTE

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