La casa de Medusa

Desde hace siglos el hombre ha entendido que estaba a merced de los elementos y el clima, que afectaban, entre otros, al abastecimiento de agua potable. La necesidad de agua en Estambul, como consecuencia de su geografía, fue un problema a lo largo de su historia. Debido a ello, en la época bizantina las cisternas ocuparon en las ciudades un primer plano en la vida urbana para el almacenamiento de agua para consumo. Actualmente, en Estambul se conservan 31 cisternas -cubiertas y descubiertas-, pero la más espectacular y visitada es la Cisterna de La Yerebatan (Yerebatan Sarnıcı ó Cisterna Sumergida).

Cuando los problemas de abastecimiento del gran acueducto de 260 km de longitud que  abastecía la ciudad empezaron a surgir, el agua se empezó a almacenar en estas cisternas. Incluso algunos nobles y ricos debajo de sus casas tenían sus cisternas particulares. Habitualmente estas cisternas se construían con planta cuadrada o rectangular, conforme a la técnica de construcción romana. Los suelos se cubrían con ladrillos y para los muros se utilizaron bloques de piedra o ladrillo. Para acceder abajo se construían unas escaleras de piedra pegadas a uno de los muros. Y para que el agua no se infiltrara, las partes inferiores de los muros se recubrían con una argamasa especial de Corasan.

Para que las cisternas pudiesen resistir a la presión del agua a la que estaban sometidas, se colocaban unos contrafuertes tanto por dentro como por fuera. Por dentro eran divididas en naves usando filas de puntales, para obtener así partes cuadradas que, en general, tenían columnas. Los techos de las cisternas cubiertas, generalmente, son bóvedas de fábrica de ladrillo.

LA CISTERNA DE LA BASÍLICA

La cisterna cubierta más grande que se puede visitar en Estambul es la Cisterna de La Yerebatán o de la Basílica, que toma el nombre de un edificio situado al oeste de Santa Sofía.

El emperador Constantino el Grande había construido en este mismo lugar otra cisterna, pero fue en el año 565 cuando el emperador Justiniano I (527-565) mandó construir la actual haciendo excavar el terreno rocoso. El agua provenía de los Bosques de Belgrado, y llegaba por los acueductos de Valente y Adriano, almacenándose en esta cisterna para compensar la necesidad del Gran Palacio Topkapi y las inmediaciones de Santa Sofía.

La capacidad era de unos 80.000 metros cúbicos y ocupa un área de 143 x 65 metros, dimensión similar a una gran iglesia. En su interior se pueden contemplar 336 columnas, dispuestas en 12 filas de 28 columnas cada fila. Los capiteles de estas columnas son de todos los estilos, se pueden encontrar capiteles jónicos y corintios en su mayoría y algunos dóricos. La razón para esta diversidad es que la columnas se trajeron de otros templos de la península de Anatolia que son, de hecho, las columnas sobrantes de las que se utilizaron para construir Santa Sofía.  La necesidad de poder resistir durante los asedios la destrucción de los acueductos o el envenenamiento del agua hizo que se construyeran cisternas con una capacidad total de 1.000.000 de metros cúbicos.

   

El recorrido por pasarelas ubicadas sobre el agua nos revela una extraordinaria combinación de ingeniería y arte con una calidad digna de un palacio. Nos acerca a comprender más de cerca la grandeza constructiva del mundo romano.

  

Uno de las columnas más llamativas es la que muchos investigadores apuntan a que parece un árbol podado o también podrían parecer lágrimas. Los más atrevidos comentan que recuerda la cola del pavo real. Pero lo mejor es que cada cual deje volar su imaginación.

Al final se llega a una estancia que alberga dos cabezas de Medusa de época romana, puestas de manera invertida, sujetando cada una de ellas una columna. Originalmente eran piezas de un gran templo romano, que sin duda fue destruido por pagano y reutilizado aquí, como tantos otros en la ciudad. El mensaje del emperador era claro, los dioses paganos habían muerto, y por eso la intención de “aplastarlos” bajo las columnas y en las cercanías grabar una cruz, aunque otras fuentes consultadas indican que fueron colocadas así para no “petrificar” a la gente que las miraba.

  

En palabras de un ingeniero técnico de obras públicas e investigador del mundo romano:

“A pesar de su grandiosidad y su enorme volumen, la cisterna de Justiniano es un símbolo de la decadencia ingenieril de la época Bizantina respecto a la del mundo romano. Mientras que los ingenieros romanos construían impresionantes acueductos que traían el agua desde muy lejos, con la calidad y la cantidad que querían, la decadente técnica de Bizancio (medieval  plenamente) sólo sabía almacenar el agua que, intermitentemente y en poca cantidad, era capaz de traer el gran acueducto que en su día mandara construir Adriano”.

Sin lugar a dudas, permanecer un rato en silencio contemplando los enigmas del pasado es motivo suficiente para hacer un viaje a Constantinopla y acercarse a visitar esta gran cisterna.

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Acerca de Ana Jordán

Arquitecta Técnica _ Ingeniera de edificación _ Jefa de Obra
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4 respuestas a La casa de Medusa

  1. Ana Jordán dijo:

    Ese mismo símil fue discutido con una amiga, personalmente y tirando hacia la tierra a mi me recuerda más a la cripta de Leyre; por la peculiadidad de cada columna. El individualismo dentro del propio conjunto constructivo.

    http://www.google.es/imgres?q=cripta+de+leyre&um=1&hl=es&sa=N&biw=1234&bih=596&tbm=isch&tbnid=TDxqnAu87OPA_M:&imgrefurl=http://recursosparaelcamino.blogspot.com/2011/02/la-cripta-del-monasterio-de-leyre.html&docid=JUDaA0B1t_cJwM&imgurl=http://3.bp.blogspot.com/-Jx4bm6_E3U0/TVVvBAdvcjI/AAAAAAAAEP0/ffKLFoL03po/s1600/2504443525_4a88c8590f.jpg&w=500&h=334&ei=r60FT-qFMYKyhAf7lazAAQ&zoom=1&iact=rc&dur=3&sig=112103433884133924629&page=4&tbnh=114&tbnw=152&start=67&ndsp=24&ved=1t:429,r:12,s:67&tx=48&ty=59

    La segunda imagen es una recreación. La cisterna se encuentra en frente de la mezquita azul, una pobre entrada que nunca lograrías intuir la magestuosidad del interior.

  2. María Tapia dijo:

    Muy interesante el post, Ana. La repetición de las columnas en el interior me ha recordado cuando estuvimos en la catedral de Córdoba o en la cripta del monasterio de Leyre.

    Supongo que aunque en la segunda imagen donde se vea ‘la sección’ de la cisterna es debido a una excavación posterior. También me ha sorprendido mucho la dimensión y me pregunto, aunque la capacidad es bestial, cuál sería la que solía tener habitualmente.

  3. Anónimo dijo:

    Fantástico espacio éste el de la Basílica, como bien dice Andoni, ” el lenguaje de la magnificencia”. Sorprende tanto por su tamaño, antigüedad, buena conservación, y sobretodo por la “promenade architecturale” que supone el acceder a él. Me refiero al cambio cultural, el pasar del bullicioso centro de una ciudad como Estambul, con sus zocos llenos de mercaderes, sus mezquitas, a un espacio varado en el tiempo, un enorme estanque.

    Por otra parte, quería hacer referencia a los grabados del arquitecto del s.XVIII Giovanni Battista Piranesi, uno de los primeros en reconocer la belleza de las antiguas infraestructuras romanas. Dejo una imagen del grabado de la Cloaca Máxima de Roma de este arquitecto.

  4. andonibgon dijo:

    Me ha gustado el comentario final sobre la decadencia del Imperio Bizantino… una reflexión interesante. Aunque no puedo evitar ver estas imágenes y recordar al gran Carlos Chocarro, profesor de Historia de la Arquitectura, y ponerme a gritar ‘¡El lenguaje de la magnificencia!’

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